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Compartir piso con WeLive

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A estas alturas de la película todos sabemos lo que es un co-working. Con la proliferación del emprendimiento y el hecho de que muchas profesiones permitan hacer de un ordenador toda tu oficina, nacieron los primeros espacios en los que se compartían gastos permitiendo hacer de la oficina un espacio interdisciplinar que favorecía la sinergia entre las diferentes profesiones que allí confluían. WeWork, una de las más grandes empresas de co-working mundial con sedes en diferentes ciudades estadounidenses, europeas y asiáticas ha creado un nuevo concepto: WeLive. Lo que viene siendo, compartir piso a gran escala.

Podríamos decir que tiene semejanzas con una residencia de estudiantes o un colegio mayor pero para trabajadores. El primer proyecto de WeLive se sitúa en parte de un edificio neoyorquino del que la empresa ya ocupaba gran parte con sus espacios de co-working y que han complementado con 200 unidades de vivienda siguiendo las mismas directrices que las oficinas.

El proyecto consiste en poder alquilar estudios o viviendas de 1 / 2 / 3 dormitorios de forma individual o en régimen compartido. Totalmente equipados, sabiamente diseñados y amueblados, estos apartamentos constan de todo lo necesario que uno podría necesitar para entrar a vivir sin previa visita al gigante sueco. Desde toallas, ropa de cama o gadgets de cocina, hasta televisión por cable e internet, así como libros, champú o cerveza son servicios que incluyen las tasas que se pagan mensualmente.

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Pero quizá lo más interesante o atractivo del proyecto es el uso que le dan a las zonas comunes en las que se organizan cenas, clases temáticas o noches de karaoke fomentando la interacción entre residentes, creando una pequeña sociedad más que una comunidad de vecinos, con el objetivo de crear principalmente vínculos de amistad.

El modelo, en completo auge en ciudades como Nueva York o Londres, va dirigido a un público claramente joven, centrándose en las experiencias como base y dejando de lado las posesiones físicas, no desde un punto de vista místico, sino más bien práctico, ya que se concibe el alquiler como un servicio total y no solo como un techo, pero este punto nos hace sospechar que aunque esté planteado como residencias de larga estancia por su propia idiosincrasia tiene una función mucho más temporal.

Y aunque la propuesta sea quizá una respuesta natural a la sociedad en la que vivimos en la que el arraigo a un lugar no parece cosa de este tiempo y en la que vivir una eterna juventud es un objetivo en sí mismo, en términos estrictamente decorativos, el solo hecho de no poder crear tu hogar según tus propio criterio y que tu dormitorio sea una copia exacta al del vecino, en mi opinión, nos deshumaniza un poco.

 

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