Moda

Coco, Cuba, Chanel

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Algo está pasando en Cuba. ¡Y vaya si está pasando! La semana pasada, Chanel desplegó todo su glamour como solo la maison francesa sabe hacerlo. Lujo, fiestas, celebridades y Karl a la cabeza en un país que tiene por el comunismo como su sistema político de cabeza. ¿Una contradicción? Lagerfeld adora las paradojas, y lo que se vivió en la Habana, amén de una exquisita colección crucero (la más importante de todas, porque es la que más se vende), fue una demostración de cómo hay que hacer historia en el mundo de la moda.

Sí. Historia. Con mayúsculas, porque ese desfile en el Paseo del Prado de la Habana es mucho más que un desfile. Es un canto de libertad, es un canto de apertura. Un mensaje que Chanel ha lanzado al mundo en silencio pero tajante. Lagerfeld llenó un avión con sus incondicionales: Suzy Menkes, Tilda Swinton, Geraldine Chaplin, Carine Roitfeld, Vanesa Paradis, Gaspard Ulliel, Gisele Bündchen, Alice Dellal, Caroline de Maigret, Alma Jodorowsky, Cècile Cassel… ¡Un batallón de belleza para hacer historia!

Pero… ¿Coco y Cuba? Sí. Coco siempre persiguió la libertad, la independencia, y este desfile es un grito de los postulados que siempre pregonó Gabrielle Chanel. Lagerfeld tiene también algo que ver: le gusta la provocación y lo imposible. Tan imposible, que hace unos años, de decir, que Chanel desfilaría en Cuba, pensariamos que es una locura. Hoy ya es una realidad. Historia. Pero con letras de oro. El principio de una apertura. El principio de un fin. Y Lagerfeld quería estar ahí. Como el día que desfiló para Fendi en la Muralla China.

Y sobre los rumores de Karl… nada de nada. Él morirá con las botas puestas, y lo ha declarado tantas veces que especular con una posible salida suya es algo que no entra en la cabeza de ningún directivo de Chanel.




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